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Lunes, 20 de Octubre de 2014
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Discapacidad social. Tr.Soc.; Des.Soc A pesar del uso frecuente que hoy tiene, el concepto discapacidad social no está unánimemente reconocido ni definido. Hasta no hace mucho, en nuestro medio educativo sirvió para agrupar a aquellos alumnos que debido a sus trastornos disociales (agresividad, falta de respeto a terceros y sus pertenencias, permanente trasgresión a normas, etc) requerían de un ámbito y de personal especializado para intentar su escolarización y socialización.
Con la crisis socioeconómica y la generalización de la pobreza social en la población, aparecen en todos los grupos de edades y con frecuencia cada vez mayor distintas alteraciones del funcionamiento/desempeño atribuibles por igual a deficiencias personales y a desventajas instaladas en el contexto natural y social, sin que pueda aclararse debidamente cuál precede a la otra. Este cuadro complejo, alguna vez descrito como “síndrome social discapacitante” (ERICE, 1995, p.41) suele recibir el nombre de discapacidad social.    
A partir de cierta reticencia exhibida una década atrás para aceptar su existencia y valoración taxonómica, como en ocasión de editarse por primera vez el Ensayo de Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías, hoy se aprecia algún cambio de posición que parecería responder a la globalización del problema y a sus efectos adversos sobre la calidad de vida del conjunto. Decimos esto por cuanto en la primera edición de la mencionada Clasificación se advertía:

“(…) Últimamente se ha puesto de moda hablar de minusvalía social, tratando de llamar la atención sobre los problemas como la pobreza y las viviendas precarias, fuera del contexto de las influencias directas sobre la salud. Aunque sea lógico mirar con simpatía todo intento por combatir la miseria social, esta devaluación del concepto de minusvalía no sirve de nada pues confunde la identificación de experiencias específicas relacionadas con la salud y de los medios que podrían servir para controlarlas…” (OMS-CIDDM, 1986, p. 73).

Pero en el prólogo a la segunda edición, del año 1993, ya pudo leerse:

“(…) Habida cuenta de los interrogantes sobre la manera en que se presenta y se comprende la definición de la minusvalía, las propuestas de revisión (de la Clasificación Internacional) insisten en la necesidad de presentar la minusvalía como una descripción de las circunstancias en que se encuentran los individuos por efecto de la interacción entre su deficiencia o discapacidad y su entorno físico y social..." (OMS-CIDDM, 1993, p. 32).

Y en la primera edición de la nueva Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), su Anexo 5 incluye los siguientes conceptos:

“(...) La CIF utiliza el término “discapacidad” para denominar un fenómeno multidimensional, resultado de la interacción de las personas con su entorno físico y social... (...) es importante insistir en que la CIF no es en absoluto una clasificación de personas. Es una clasificación de las características de la salud de las personas dentro del contexto de las situaciones individuales de sus vidas y de los efectos ambientales. La interacción de las características de la salud y de los factores contextuales, es la que produce la discapacidad...” (OMS-CIF,2001, p. 262)

“(…) La conceptualización del proceso creciente de empobrecimiento refiere no solo a nuevos grupos sociales tradicionalmente ubicados en categorías vulnerables, que pasan a engrosar las filas de los sectores carenciados. El fenómeno de “pauperización” indica, fundamentalmente, la integración de personas diferentes al mundo de la pobreza. (…) Esta problemática nueva, que constituye un desafío para la teoría sociológica contemporánea de países periféricos, tiene resonancia sobre el aspecto referido a la elaboración de bases para la identidad colectiva asumida - o no - por los variados segmentos sociales que sufren el impacto de la crisis económica”. (HALPERIN WEISBURD, 1996, p. 15)

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