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1º Congreso Internacional CELEHIS de Literatura
Apunte brevísimo sobre la poesía gallega última
Perfecto E. Cuadrado - Universitat de les Illes Balears


La literatura gallega, en buena parte debido a la marginación, persecución, silencio y sucesivas "muertes" y "resurrecciones" de la lengua gallega como lengua de cultura, no ha seguido el normal discurrir de las otras literaturas románicas, en particular, y por lo que al siglo XX se refiere, las sucesivas etapas de la "dictadura de las vanguardias" (Armando Plebe dixit ) y la dispersión transvanguardista a la que algunos siguen empeñados en denominar "postmodernidad".

En el ámbito de la poesía, desde siempre y hasta hace bien poco el más fecundo tanto en la literatura gallega como en la hermana literatura portuguesa, podríamos señalar dos momentos cruciales marcados por las poéticas convergentes presentes en los miembros de la generación "Nós" (antes de la Guerra Civil de 1936-39) y las poéticas en diálogo que se entrecruzan en las obras de los miembros de lo que muchos ya llamaron "generación de los 50". Después, la ya mencionada dispersión, que en España y Portugal coincide con la transición política de las respectivas dictaduras a sistemas democráticos. Una dispersión que después de un primer momento de perplejidad y deconcierto se fue mitigando con la creación de grupos, revistas y colecciones que respondían a algunos principios comunes tanto literarios como extraliterarios (ideológicos, sociopolíticos, lingüísticos, etc.). Esta compleja etapa última de la poesía gallega, a la que ahora dedicamos nuestra atención, ha sido analizada y organizada por estudiosos como Helena González o Luciano Rodríguez Gómez, y de los esfuerzos de esos y otros estudiosos va surgiendo un panorama con dos bloques generacionales sucesivos –el de "los 80" y el de "los 90"- en los que se repiten algunas voces mayores como las de Xosé María Álvarez Cáccamo, Xavier Rodríguez Baixeras, Xulio L. Valcárcel, Xavier Seoane, Claudio Rodríguez Fer, Ramiro Fonte, Manuel Rivas, Pilar Pallarés, Manuel Forcadela, Miguel Anxo Fernán-Vello, Román Raña, Eusebio Lorenzo Baleirón o Paulino Vázquez para "los 80" y las de aquellos autores confirmados en "los 90" y acogidos por Helena González en una reciente antología con el título de A tribo das baleas -Ana Romaní, Mirto Villar, Anton Lopo, Fran Alonso, Rafa Villar, María do Cebreiro, Emma Couceiro, Anxo Romeo, Estevo Creus, Olga Novo, etc., a los que habría que añadir alguna voz no recogida como la de Carlos Quiroga.

Si para llegar a la poesía última tenemos que trazar brevemente un panorama de la poesía penúltima, retrocediendo hasta esa barrera trágica y fundamental que fue la Guerra Civil de 1936-39, podríamos decir que la inmediata postguerra, tras década y media de casi absoluto silencio en el interior, vió cómo sobrevivían –en todos los sentidos- algunos nombres mayores de las generaciones de pre-guerra (Aquilino Iglesia Alvariño, Luis Pimentel, Fermín Bouza Brey, Amado Carballo o Carballo Calero, transitando unos por caminos absolutamente personales como Pimentel o Iglesia Alvariño o siguiendo otros los trazados por las vanguardias de entreguerras como el resto), culminando esta peregrinación de supervivientes con la creación de los cimientos de una nueva "resurrección" que supondría la creación (1950)de la Editorial Galaxia y después de arduas luchas con la Administración la aparición en 1963 de la revista Grial , aventuras por detrás de las cuales estaría el empuje y la osadía de galleguistas históricos como Ramón Piñeiro o Fernández del Riego. Mientras tanto, la vida cultural y literaria gallega y en gallego se desarrollaba lejos de Galicia, especialmente en la capital de la diáspora –Buenos Aires- con nombres tan sobresalientes como los de Lorenzo Varela, Luis Seoane o Castelao, y, más tarde, con la aventura breve de exiliado de Celso Emilio Ferreiro.

Celso Emilio Ferreiro sería el nombre más divulgado e influyente de una generación en las que sobresalen también los de Cuña Novás, Uxío Novoneyra o Manuel María. Mientras que los tres últimos podrían situarse en una línea de poesía que algo groseramente podríamos calificar de "existencialista", en la que dialogan y se funden dos desolaciones –el paisaje interior y el exterior, aunque en el caso del paisaje matricial del canto de Novoneyra se transmute la elegía en oda de celebración y de íntima y consoladora comunión- Celso Emilio pasó a ser una de las banderas de la poesía social de los 50 (en la línea de los poetas en castellano Blas de Otero, Celaya o José Hierro), aunque deba decirse que el rótulo, como todos los rótulos, olvida o margina una buena parte de la poesía de Celso Emilio, como aquella poesía amorosa –del amor conyugal, cosa admirable y rara en la tradición de Occidente- que dedicó a su mujer "Moraima" y de la que no me resisto a recordar aquí aquel poema conmovedor y extraordinario, encabezado por el significativo epígrafe "El pan es más útil que la poesía, pero ¿cómo comer el pan sin el compango de la poesía?".

              Cuando quiero vivir
              digo Moraima.
              Digo Moraima
              cuando siembro esperanza.
              Digo Moraima
              y se hace azul el alba.

              Cuando quiero soñar
              digo Moraima.
              Digo Moraima
              cuando es noche cerrada.
              Digo Moraima
              y la luz se pone en marcha.

              Cuando quiero llorar
              digo Moraima.
              Digo Moraima
              cuando la angustia me atenaza.
              Digo Moraima
              y el mar se pone en calma.

              Cuando quiero sonreír
              Digo Moraima.
              Digo Moraima
              en la mañana clara.
              Digo Moraima
              y la tarde se amansa.

              Cuando quiero morir
              no digo nada.
              Y me mata el silencio
              de no decir Moraima.

Otros nombres que marcarían este momento de nuevo florecer poético en Galicia y en unas circunstancias sepecialmente difíciles serían los de Xosé María Álvarez Blázquez, Miguel González Garcés o Pura Vázquez, una de las primeras voces de mujer que se afirman en la poesía gallega desde la gigantesca y epifánica de Rosalía de Castro y que después sería ampliada y multiplicada por otras muchas, en especial por las de Luz Pozo, que Méndez Ferrín colocó junto a la Antonio Tovar dentro de lo que denominó "promoción de enlace" (una promoción de grandes nombres singulares, sin un proyecto o una poética comunes), Xohana Torres o Carmen Blanco (ligadas al resurgimiento de las Festas Minervais, a las que también se ligan el propio Méndez Ferrín, Bernardino Graña o Antón Avilés de Taramancos) y una voz ya situada dentro del feminismo militante radical (léase lo de "radical" sólo como instrumento pedagógico de comparación) como es la María Xosé Queizán.

La transición política desde la dictadura a un sistema de representación democrática, la transformación de un Estado fuertemente centralizado en otro con un grado de descentralización que no a todos satisface (a unos por exceso, a los más por defecto), y la progresiva normalización del gallego como lengua de cultura tras su declaración de lengua cooficial en Galicia junto con el castellano (también con los mismos descontentos antes señalados para el nivel de autogobierno, y con el problema añadido del descontento relacionado con la normativicación de la lengua), explican en buena medida determinados cambios y rumbos y problemas apreciables en las teorías y en las prácticas poéticas de los últimos años que se traducen de manera visible en un desordenado sucederse de momentos de espaciel agitación seguidos de otros de impasse y desasosiego, con una multiplicidad de horizontes entrecruzados como ajedrez de discordias fraternas (incluídas las de tendencia cainita) que prolongan la dispersón individual transvanguardista con fugaces y titubeantes propuestas de agrupación o compañía, todo ello, evidentemente, en coincidencia con lo que sucede en otras lenguas y ogros ámbitos poéticos y a su vez encuadrable en (y parcialmente explicable desde) el contexto general de un momento de profundos cambios históricos de los que a los protagonistas sólo se nos aparece o sólo nos golpea y nos hiere el espectáculo del caos fenomenológico en dinámica y volcánica agitación.

La renovación en el panorama de la lírica gallega que anunciaría los caminos de las promociones de los 80 y los 90 vendría marcada por la aparición simultánea, en 1976, de dos libros capitales - Con pólvora e magnolias, de Méndez Ferrín, y Mesteres, de Arcadio López Casanova-, por la aparición de grupos y revistas que recogen la tradición de actuación colectiva con ánimo de intervención (social y estética) y las vías de intervención (como los little magazines, los manifiestos o textos programáticos, las antologías deliberadamente discriminatorias, etc.) que las vanguardias heredaron del Romanticismo alemán y de la poesía del fin-de-siécle, y por la proliferación de premios literarios que han ayudado a la dinamización del panorama literario en general y poético en particular.

Dentro de este movimiento de renovación estética y poética y de abundancia y variedad productivas, recordamos los nombres citados al principio de poetas hoy ya reconocidos y consagrados como Xosé María Álvarez Cáccamo, Xavier Rodríguez Baixeras, Xulio L. Valcárcel, Xavier Seoane, Claudio Rodríguez Fer, Ramiro Fonte, Manuel Rivas, Pilar Pallarés, Manuel Forcadela, Miguel Anxo Fernán-Vello, Román Raña, Eusebio Lorenzo Baleirón o Paulino Vázquez.

De los diversos grupos y antologías aparecidos en el alborear de los 80 –"Rompente" y su Antoloxia Crebar as liras, Loia, etc.- destacamos algunos puntos programáticos del Grupo Cravo Fundo recogidos por Luciano Rodríguez:

1. El grupo CRAVO FUNDO nace para darle una alternativa revolucionaria a la poesía gallega.
7. CRAVO FUNDO intentará salir de la poesía oportunista política, que lacera esta lucha como a la propia literatura gallega.
8. El grupo no será entendido como una cooperativa, sino como un grupo de hombres que se juntan en torno a un eje central: una nueva alternativa dentro de la poesía gallega. Así serán respetados necesariamente todos los modos de expresión de cada autor.
9. Los miembros del grupo tienen intención de llevar a cabo una renovación total de la poesía gallega.
10. La susodicha renovación se procurará llevar a la totalidad que configura la obra literaria: investigación idiomática, hallazgo de nuevas temáticas, etc.

El mismo crítico señalaba como rasgos comunes de las diferentes poéticas de los 80 cuatro fundamentales:

1. El culturalismo, en el sentido de la amplia formación cultural de los poetas, de la variedad y multiplicidad de sus lecturas procedentes de diversas lenguas y culturas, con especial destaque para la portuguesa, y también en el sentido de un diálogo con otros lenguajes artísticos, como el plástico o el musical.
2. La preocupación por los aspectos formales: métricos, estróficos, etc.
3. La preocupación por el idioma, que empieza a ser legitimado social, académica y culturalmente desde la consideración legal del gallego como lengua propia de Galicia y cooficial con el castellano, aunque todavía disten mucho de estar resueltos los graves problemas de normalización y hasta de normativización del gallego como lengua normal de y en Galicia.
4. Diálogo entre tradición y modernidad, como ya habían exigido, entre otros, Ezra Pound o Fernando Pessoa.
5. La presencia de ciertos temas recurrentes, como la conjunción de amor y sensualidad, el tiempo y su precipitado paso, la muerte, la presencia de la naturaleza (retomando la confrontación campo-ciudad omnipresente en la literatura de transición del XIX al XX), el carácter elegíaco de buena parte de esa poesía, la epicidad y el civismo, y, en fin, la reflexividad escritural y la metapoesía.

Podríamos hablar también de la asunción de una literatura plenamente urbana, aunque, volviendo a lo que acabo de decir, a veces se nos plantea la exploración de los territorios urbanos como vivencia de espacios negativos –de injusticia y fealdad- del presente en claro contraste con los espacios positivos de libertad de una infancia recuperada y reorganizada y reinterpretada y falseada por una memoria obligada a un ejercicio violento de sublimación y mitificación de carácter simbólico y funciones de gratificación y justificación históricas y personales.

La poesía de los 90 ha sido especialmente estudiada y antologada por Helena González, destacando de entre ella nombres como los de Ana Romaní, Mirto Villar, Anton Lopo, Fran Alonso, Rafa Villar, María do Cebreiro, Emma Couceiro, Anxo Romeo, Estevo Creus, Olga Novo, etc., a los que habría que añadir alguna voz no recogida como la de Carlos Quiroga, que representaría un horizonte de riesgo experimental que para Dolores Vilavedra sería una de las características del discurso poético de los 90, un discurso todavía en fase de elaboración en el que también destacarían, entre otros rasgos significativos, "la construcción de un discurso femenino, con el consiguiente protagonismo (cuantitativo y cualitativo) de las mujeres de diversas edades y que tocan cuerdas diferentes pero de un instrumento común".

Hablando de esta poesía de los 90, Helena González, por su parte, nos dice lo siguiente:

Las recetas para la nueva dieta poética fueron varias: ruptura de las fronteras de los géneros literarios hacia la narrativa y la dramática; sensación de que ya no eran necesarias las variaciones metaculturalistas para convertir la poesía gallega en una poesía mayor; desembarco masivo de la ironía, distanciamiento del yo lírico y polifonía; irrupción deslumbrante de las poetas, verdaderas dinamiteras del imaginario y el lenguaje; y acercamiento a la realidad cotidiana, desvestida de trascendencia a priori y del lenguaje poético habitual.
                                           […]
Para muchos de ellos la poesía no tiene sentido si no sirve para tender puentes a los posibles lectores, por eso algunos se integraron en la asamblea poética Batallón Literario Costa da Morte o en el grupo de dinamización Letras de Cal, y casi todos participaron en sus recitales. Estos proyectos incorporaron el rito poético a los lugares habituales de ocio de la juventud. Y además ofrecían a los poetas inéditos y novísimos una oportunidad para leer sus primeros poemas.
                                           […]
Las posibilidades estéticas y las estrategias discursivas son variadas: se releen los clásicos con distancia y se acomodan a la contemporaneidad; se ofrecen nuevos argumentos a la cuestión de la identidad nacional; se reconfigura la visión del mundo desde una posición identitaria dada (como mujer, gallego u homosexual); se retoma una lectura posmoderna de la épica; o, finalmente, se reconvierte la inaprensibilidad esencial de la poesía en una singular forma lírica de la crónica, la narración o la dramática para acercarse a lo más prosaico, actual y cotidiano.

En definitiva, nos encontramos hoy, por lo que a la poesía gallega se refiere, en un momento de extraordinaria vitalidad –según parámetros de abundancia, variedad y calidad- y de creación desde una perspectiva de relativa normalidad en cuanto al uso y poético abuso del idioma gallego común y propio, y esa normalidad ha llevado a la poesía gallega a un diálogo absolutamente contemporáneo y sin complejos con la poesía de otros ámbitos lingüísticos, acercándola de manera particular a su vecina-hermana la poesía en lengua portuguesa hasta situarse frente a ella por lo menos en situación de equidistancia en relación con la poesía en lengua castellana. Es desde ese diálogo de igual a igual desde el que, justamente a través de la poesía, podrán irse superando otras distancias y estableciéndose otros diálogos en campos menos líricos, lo que nos obligará a recordar la premisa pessoana de una revolución poética como cimiento firme para una revolución moral, ética y política –Arte y Vida, por fin, en permanente conjunción transformadora, como quería y quiere el sueño de una Modernidad inconclusa y mal realizada- y nos devolverá también a aquella idea de la poesía como una verdad (en el sentido del conocimiento filosófico) y como una verdad práctica (en el sentido de las prácticas políticas), es decir, a la idea de la poesía como vía genuina y esencial de ver, leer, incorporar y traducir una realidad cada vez más próxima de la abyección y de la sordidez, y como vía al mismo tiempo de rehabilitación de esa misma realidad en un sentido más justo, más cósmico, más hermoso, más satisfactorio, más humano, en definitiva más verdaderamente real.


Algunas indicaciones bibliográficas
Luciano Rodríguez Gómez: Desde a palabra, doce voces. Nova poesía galega. Barcelona, Sotelo Blanco, 1986.
Revista Litoral. Número monográfico dedicado a la "Poesía Gallega Contemporánea". Ed. de Luciano Rodríguez y Antonio Jiménez Millán. Málaga, 1996.
Luciano Rodríguez y Teresa Seara: Para saír do século. Nova proposta poética. Vigo, Edicións Xerais de Galicia, 1997.
Dolores Vilavedra: Historia da Literatura Galega. Vigo, Galaxia, 1999.
Luciano Rodríguez y Teresa Seara: "Última poesía galega", en Nova Renascença, Porto, Inverno/Primavera 1999, pp.271-279.
A tribo das baleas. Poetas de arestora. Edición e selección de Helena González. Vigo, Edicións Xerais de Galicia, 2001.

Actas 1º Congreso Internacional CELEHIS de Literatura
Mar del Plata, 6 al 8 de diciembre del año 2001 / ISBN 987-544-053-1
Centro de Letras Hispanoamericanas - Facultad de Humanidades - UNMDP
 
  

       


Acerca del CD